Convenciones culturales
La historia, esa que nos persigue y adoctrina desde la penumbra que envuelve el pasado, ha contribuido a que hoy vivamos en la sociedad que vivimos. Saludar al pasar delante de un conocido, dar las gracias, comer con la boca cerrada, respetar las distinciones culturales… Son características que hemos adquirido los seres humanos gracias a nuestra evolución cultural como especie, y actualmente, nos parece impensable vivir sin ellas. A pesar de ello, cuando las condiciones del humano se tornan inhumanas, el humano se adapta a la situación. Y entonces, ¿qué ocurre con las convenciones culturales que hemos desarrollado durante siglos?
Para empezar, debemos aclarar que el ser humano es un animal, su único objetivo es la supervivencia, y luchará por ella a toda costa. En situaciones extremas está más que demostrado que nuestra especie no tiene miramientos, la ley del más fuerte. Maquiavelo argumentaba hace siglos que el ser humano era malo por naturaleza y que eran estas convenciones culturales previamente mencionadas las que le hacían comportarse como bueno. Y sobra decir que las personas más desesperadas y con menos recursos son las más dispuestas a asaltar o atracar establecimientos. Quizás es en estas situaciones cuando se olvidan las convenciones culturales y se vuelve al estatus quo del que hablaba Maquiavelo.
Sin embargo, no siempre la pérdida de identidad cultural va de la mano de la escasez, en ciertos casos va de la mano de una ideología radicalizada. Jordi Evole entrevistó en su programa Salvados a un ex convicto, implicado en un atentado de ETA. El hombre, reinsertado, contaba como de forma casi instintiva era capaz de colocar una bomba en un coche, pese a saber la repercusión de este acto. Quemar contenedores, insultar, destruir, e incluso asesinar personas, todo por una ideología. En este caso hablamos de un caso relativamente cercano en el tiempo, pero esto lleva ocurriendo desde siempre. Esto se debe, a la influencia de los líderes carismáticos y a la presión del grupo, que unidos son capaces de hacernos perder totalmente las formas.
En conclusión, al parecer es difícil pensar que somos capaces de conservar estas convenciones culturales incluso en el entorno más hostil. Por otro lado, es comprensible, iría contra nuestra propia naturaleza como humanos, las convenciones culturales no son más que algo artificial e inexistente. Lo único verdadero es nuestro instinto de supervivencia y nuestra necesidad de sentirnos pertenecientes a un grupo. Y por tanto, si está en peligro alguna de esas acepciones, nos olvidamos de todo.
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